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Gracias al trabajo realizando en la Parque Nacional Bosque Fray Jorge por un equipo de investigadores internacional y la Universidad de La Serena.

Las interacciones de depredadores, pequeños herbívoros roedores y las plantas inciden en el efecto de variabilidad en las lluvias en los ecosistemas áridos. Así ha quedado demostrado en el estudio internacional publicado en febrero en la revista Científica Ecological Monographs, donde se analizaron 25 años de observaciones de uno de los experimentos de campo más ambiciosos del mundo y el más longevo del hemisferio sur: el estudio ecológico Parque Nacional Bosque Fray Jorge.

La investigación se inició en el año 1989 gracias a una colaboración entre investigadores chilenos y estadounidenses, quienes montaron un experimento ambicioso y de largo aliento en el norte de nuestro país, en el gran desierto de Atacama, el cual es el desierto no polar más árido del mundo. Durante 30 años, este experimento ha manipulado la presencia de herbívoros y carnívoros para entender cómo determinan la respuesta de la vegetación a las lluvias.

“Cuando comenzamos esta aventura científica, nunca imaginamos que iba a crecer de esta forma. Con el correr del tiempo se formó un equipo muy diverso de profesionales especializados en distintas disciplinas, de varios continentes y de ya varias generaciones. Este trabajo ha formado una escuela de cómo hacer ciencia en equipo”, reflexiona el Dr. Julio Gutiérrez, académico de la Universidad de La Serena, quien junto al Dr. Peter Meserve, investigador de la Universidad de Idaho y Douglas Kelt, académico de la Universidad de California Davis, son los investigadores pioneros y principales de este experimento.

“Se sabe que las lluvias son importantes en las zonas secas, pero conocemos muy poco sobre el papel que juegan las plantas y los animales en las respuestas a largo plazo que tienen los ecosistemas áridos a las precipitaciones”, explica la coautora del artículo, la Dra. Cristina Armas, investigadora de la Estación Experimental de Zonas Áridas-CSIC, Almería, España.

“Este experimento demostró que los roedores y plantas responden positivamente a la lluvia, pero en el caso de las plantas perennes y los arbustos, su expansión depende de la competencia con las plantas anuales, el efecto herbívoro de los roedores e indirectamente, el efecto de los depredadores carnívoros, que no sólo comen roedores, sino que también provocan un cambio en la conducta, forrajeo y uso que los roedores hacen del matorral”, asegura el Dr. Ariel Farías, investigador de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Los resultados de este estudio experimental ponen de relieve que los seres vivos de ambientes áridos responden a la variabilidad del clima incorporando complejas interacciones a través de todos los niveles tróficos del sistema, que en ultimo termino influyen en uno de los elementos aparentemente más estables de la vegetación semiárida; los arbustos. “La mayoría de los estudios sobre ecosistemas áridos considera a la vegetación arbustiva como algo estable, ya que en estas especies longevas y de lento crecimiento es difícil detectar cambios si se estudian por poco tiempo. Sin embargo, los datos de largo plazo nos permitieron identificar cambios interanuales en la cobertura arbustiva”, concluye la Dra. Aurora Gaxiola, investigadora del Departamento de Ecología, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Por su parte, la Dra. Milena Holmgren, académica de Universidad en Wageningen, Países Bajos, indica que “ya sabíamos que los bosques secos pueden expandirse durante los periodos lluviosos asociados a los eventos climáticos de El Niño; ahora, con este experimento de 30 años, hemos aprendido a entender cuándo los sistemas arbustivos también pueden expandirse, aunque mucho más lentamente”.

Ante el cambio climático global, comprender cómo las interacciones entre los organismos median las respuestas de la vegetación de los ecosistemas áridos frente a la variabilidad climática, es esencial para gestionar adecuadamente la conservación de la biodiversidad de estos medios.

Escrito por Abby Herrera, alumna en práctica Periodismo - Vipuls.